La lectura infinita
El libro de las ilusiones
Paul Auster
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David Zimmer, un escritor y profesor de literatura de Vermont, ya no es ni la sombra de sí mismo. Se pasa los días bebiendo y cavilando sobre el último instante en que su vida aún podría haber cambiado, el minuto aquel en que su mujer y sus hijos todavía no habían subido al avión que estalló. Hasta que una noche, mirando casi sin ver la televisión, y por primera vez tras seis meses de deambular en el vacío, algo le hace reír. El causante del ínfimo milagro es Hector Mann, uno de los últimos cómicos del cine mudo. Y David Zimmer descubre que aún no ha tocado fondo, que todavía quiere vivir. Comenzará entonces su investigación para escribir un libro sobre Mann, un joven, brillante, enigmático cómico nacido en Argentina, que hace sesenta años se desvaneció sin que jamás se supiera nada más de él, ni apareciera su cadáver.

Paul Auster,  (New Jersey, 1948), creció en South Orange, Nueva Jersey. Su familia, de ascendencia judía y polaca, se mantenía gracias al trabajo de su padre, un hombre negocios. Esta figura paterna marcaría de un modo ambivalente la vida de Auster. A menudo, en muchas de sus obras lo describe como ese hombre al que aburrían los libros. Era esa persona que siempre se dormía al ver una película y al que su madre intentó abandonar después de la luna de miel.

Ya desde bien niño encontró oxígeno en los libros. El refugio de una biblioteca pública cercana le propició un universo de descubrimientos y un despertar. A los seis años, avanzó un par de cursos porque sus competencias en lectura y escritura eran muy superiores a los de su clase. Llegados los años de universidad, inició sus estudios de literatura francesa, italiana e inglesa en la Universidad de Columbia, Nueva York. Trabajó como traductor hasta la guerra de Vietnam, cuando se marchó a Francia.

Su primera novela, Jugada de presión, llegó en 1976 y apenas tuvo éxito editorial. No obstante, no se rindió. En 1981, cuando se casó con otra escritora, Siri Hustvedt, comenzó una época de gran creación que daría el mayor de los frutos: la trilogía de la Ciudad de cristal. El éxito fue rotundo y el nombre de Paul Auster empezó a brillar con luz propia entre el mercado editorial.

Auster, que además de escritor, también es guionista y director de cine, se ha convertido sin duda en uno de los más grandes autores norteamericanos contemporáneos.