La lectura infinita
Un viejo que leía novelas de amor
Luis Sepúlveda
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Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar (mal llamados jíbaros), y con ellos aprendió a conocer la Selva y sus leyes, a respetar a los animales y los indígenas que la pueblan, pero también a cazar el temible tigrillo como ningún blanco jamás pudo hacerlo. Un buen día decidió leer con pasión las novelas de amor -«del verdadero, del que hace sufrir»- que dos veces al año le lleva el dentista Rubicundo Loachamín para distraer las solitarias noches ecuatoriales. En ellas intenta alejarse un poco de la fanfarrona estupidez de esos codiciosos forasteros que creen dominar la Selva porque van armados hasta los dientes pero que no saben cómo enfrentar a una fiera enloquecida porque le han matado las crías. Las aventuras y las emociones del viejo quedarán en nuestra memoria, seguro.

Luis Sepúlveda (Ovalle, Chile, 1949 - Oviedo, 2020). Escritor, periodista y cineasta chileno, autor de cuentos y novelas. Residió en Gijón (España) las últimas décadas de su vida. Su padre, Luis Sepúlveda, militante del Partido Comunista (PC), era dueño de un restaurante y su madre, Irma Calfucura, enfermera de origen mapuche.

Manifestaba haber nacido «rojo, profundamente rojo». A los quince años ingresó en la Jota, las Juventudes Comunistas de Chile y en el Ejército de Liberación Nacional. ​Ingresó en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile de la que se tituló como director.

Tras el golpe militar de Pinochet, Sepúlveda estuvo detenido en el Regimiento Tucapel de Temuco y encarcelado casi tres años. En 1979 abandonó Chile y tras un periplo por varios países acabó en Hamburgo, como corresponsal de prensa. Allí vivió catorce años, se casó con Margarita Seven y tuvo tres hijos.

Como escritor, saltó a la fama internacional después de publicar, en 1989, su novela inspirada por su experiencia de convivencia con los shuar "Un viejo que leía novelas de amor", que se convirtió en un superventas con numerosas ediciones y más de 18 millones vendidas.

Residió desde 1997 en Gijón y el 29 de febrero de 2020, fue el primer paciente de COVID-19 en Asturias y lo ingresaron en el Hospital Universitario Central de Asturias, en cuya unidad de cuidados intensivos permaneció 48 días en coma hasta su fallecimiento, el 16 de abril de 2020.

La crítica me importa un soberano carajo

Usted ha viajado y conocido muchos pueblos y paisajes. De alguna manera creo que su primera novela, El viejo que leía novelas de amor, ha sido muy leída porque funciona como un mecanismo de evasión. Usted nos cuenta una historia de indios Shuar y de la Amazonia, un grupo y un sitio hasta hoy considerados míticos por mucha gente. ¿Cree que el éxito de la novela está en este exotismo?

No, de ninguna manera. Creo que el éxito de la novela se debe: uno: es una muy buena novela, lo digo típicamente como lector. Tardé mucho tiempo en escribirla y cuando terminé sabia que era una muy buena novela. Luego, esto de los lectores que solo van por el paisaje son los lectores muy minoritarios. Hay lectores inteligentes, realmente. Cinco por ciento de la humanidad que lee son muy muy inteligentes porque tinen una gran curiosidad por leer.

En los sitios que están de alguna manera alejados de la globalización, como la Patagonia, que ha visitado, o la Amazonia, donde ha vivido, nos hacen pensar en la tradición. ¿Cómo ha sido el contacto con estas poblaciones, qué tipo de historias cuentan?

Es difícil de decidir por una historia en especial. Algo muy particular, había un leso común que toda la gente que encontrábamos en nuestros viajes nos hablaban de las cosas que estaban cambiando, que estaban ocurriendo, de la vida en la Patagonia. La historia más conmovedora en sí misma es el conjunto, porque es la gente, que tiene un amor por las cosas que hacen, un orgullo por llevar una vida dura, pero que siguen adelante. Yo no sé si podría elegir una historia.

Los personajes de su novela más conocida, El viejo que leía novelas de amor, reaparecen en la Lámpara de Aladino. ¿Es un homenaje al libro que le ha hecho mundialmente conocido o es porque sus personajes continúan viviendo en su imaginación?

Este personaje en especial, el viejo, continua muy vivo en mi imaginación. Algunas veces me visita en los sueños. Porque está basada en un personaje real, yo estuve en la selva amazónica en la ocasión tal como lo cuento en La lámpara de Aladino. Salí a cazar con mi compadre quechua y había un viejo blanco que vivía solo en la selva, efectivamente era un viejo blanco que hablaba muy poco pero que era muy generoso y pasé una noche en su cabaña y tenía una cajita con novelas de amor.

Y me asombró, me conmovió muchísimo. Y cuando decidí que mi personaje se iba basar en esa persona fue… a ver cómo te explico… Yo estaba en el exilio pero no entendía muy bien el exilio. Sabía porque estaba en exilio, pero no terminaba de entender cómo debía yo de reaccionar frente al exilio. Y el personaje de la novela es un exilado de dos mundos, del mundo de los blancos y del mundo de los indios, y lo único que le queda son sus novela de amor.

Y conmigo pasaba exactamente lo mismo: yo fui expulsado de mi país y también expulsado de un gran proyecto mundial de transformación de transformación del mundo y luego lo que me quedaba era mi literatura, mi lengua, las palabras. Había un paralelo entre los dos. Luego el personaje del viejo me ayudó a entender.

Los escritores en realidad nunca escribimos de lo que sabemos, sino vamos descubriendo las lagunas que tenemos en el proceso de la escritura y ese personaje que se quedo muy claramente.

Recuerdo que, y hasta parece ficción, que cuando se firmó el contrato cinematográfico y el contrato de la venta de derechos, me excité con mi agente y el productor que detenía los derechos para firmar el contrato, aquellas páginas que yo no iba a leer, solo a firmar después que los responsables leyesen, hablaban de cifras, de dinero… yo salí a fumar un cigarrillo y pronto ahí en Alemania estaba lloviendo y muy frugalmente me pareció que en una esquina estaba el viejo mirándome y diciéndome: que libro has hecho de mi, que libro!

Usted ha escrito cuentos y novelas policíacas. A pesar de que este género tenga grandes nombres de referencia en la literatura mundial, está infravalorado por la crítica. Cuando usted optó por escribir en este género ¿pensó en la recepción de la crítica?

La crítica me importa un soberano carajo. No la leo, la ignoro. Yo sé que la gente que encasilla la literatura: esto es policiaca, esto es comedia… es muy cómodo. Generalmente son muy malos lectores, y como no entienden lo que han leído, la solución más fácil que tienen es encasillar . Yo he escrito algunas novelas de pretexto, una narración de corte policiaco, pero que hace más sentido en eso que se llama la novela negra latino americana, porque es una sintese a donde hay muchos géneros: novela histórica, la policiaca, la de aventura y también la de comunidad y que ha contribuido a ser la memoria de América latina.

En muchos aspectos la memoria de América latina, sobre todo en los países del cono sur, se ha mantenido porque los escritores tomábamos la misión de mantenerla viva en nuestros libros, en nuestra literatura. De lo que tenía que ser literatura popular nace ese género que se llama la literatura negra latinoamericana.

Me gusta mucho la novela policiaca escrita a la manera televisional, pero incluso en el mundo, la novela ha evolucionado, cuando con el pretexto de contarnos una historia criminal nos cuenta el gran problema social del apartheid de Sud Africa, está escribiendo una enorme literatura. Cuando Anadule Allison con el pretexto de contarnos una historia policiaca, esta nos contado una gran reflexión sobre el problema de la violencia contra las mujeres y hace una literatura enorme. No me fio y no sigo totalmente los géneros, porque son para violarlos y para inventarlos.

En “Nombre de torero” podemos ver reflejados aspectos de las dictaduras ¿Existiría, en su opinión, un rasgo común en las dictaduras que han sufrido diversos países a lo largo del siglo?

El éxito. Todas fueran apoyadas y incentivadas y ordenadas por Estados Unidos de América, por el imperialismo. Vea el éxito que tienen. Y luego hay la enorme bestialidad, porque si pensamos que la única integración efectiva que existió en América latina fue la brutalidad, la de la operación Condor, con argentinos, chilenos y uruguayos.

La historia está basada en un personaje real. Salí a cazar con mi compadre quechua y había un viejo blanco que vivía solo en la selva, efectivamente era un viejo que hablaba muy poco pero que era muy generoso y pasé una noche en su cabaña y tenía una cajita con novelas de amor.