Alice Munro  (Alice Ann Laidlaw, 10 de julio de 1931, Wingham, Ontario, Canadá), es una escritora canadiense de cuentos que ganó reconocimiento internacional con sus narrativas exquisitamente dibujadas. La Academia Sueca la calificó de "maestra del cuento contemporáneo" cuando le otorgó el Premio Nobel de Literatura en 2013. El trabajo de Munro se destaca por su estilo narrativo y de imágenes precisas, que es a la vez lírico, convincente, económico e intenso, revelando la profundidad y la complejidad de la vida emocional de la gente común.
Su madre, maestra, jugó un papel importante en su vida, al igual que sus abuela y tía abuela. Asistió a la Universidad de Western Ontario, pero se fue a los dos años de estudiar inglés y periodismo. A los 20 años, en 1951, se casó con su primer marido, James Munro, y se mudó a Vancouver. En 1963 se trasladaron a Victoria, donde abrieron una librería y criaron a tres hijas.
Munro había comenzado a escribir historias cuando era adolescente y perseveró en su intento de establecerse como escritora a pesar de años de rechazo por parte de las editoriales y las limitaciones impuestas a su carrera por las responsabilidades del matrimonio y la maternidad.
En 2009, publicó esta colección de cuentos Too Much Happiness. Pedro Almodóvar se inspiró en tres relatos de Munro (Escapada, 2004) para su películo Julieta (2016). Fue la primera canadiense, y la decimotercera mujer, en ser nombrada premio Nobel de literatura.
Sofia Vasilyevna Kovalévskaya (Moscú, 15 de enero de 1850-Estocolmo, 10 de febrero de 1891), fue la primera matemática rusa de importancia y la primera mujer que consiguió una plaza de profesora universitaria en Europa (Suecia, 1881).
Bajo la guía del tutor de su familia, Y. I. Malevich, Sofía comenzó sus primeros estudios reales de matemáticas. A los trece años empezó a mostrar muy buenas cualidades para el álgebra. Por esa época escribió: «Comencé a sentir una atracción tan intensa por las matemáticas, que empecé a descuidar mis otros estudios». Pero su padre, a quien le horrorizaban las mujeres sabias, decidió interrumpir las clases de matemáticas de su hija. Aun así Sofia siguió estudiando por su cuenta. Pidió prestado un ejemplar del Álgebra de Bourdeu que leía por la noche cuando el resto de la familia dormía.
En su estadía en Alemania recibió clases de Karl Weierstraß, las mismas que éste impartía en la universidad. Al mismo tiempo que estudiaba, comenzaba su trabajo de doctorado. Durante sus años en Berlín escribió tres tesis: dos sobre temas de matemáticas y una tercera sobre astronomía. Más tarde el primero de estos trabajos apareció en una publicación matemática a la que contribuían las mentes más privilegiadas. Gracias a Mittag-Leffer, Sofia pudo trabajar a prueba durante un año en la Universidad de Estocolmo. Durante este tiempo Sofia escribió el más importante de sus trabajos, que resolvía algunos de los problemas al que matemáticos famosos habían dedicado grandes esfuerzos para resolverlos.
Sofia Kovalévskaya murió a los 41 años, de gripe y neumonía. Entre sus trabajos figuran: Sobre la teoría de las ecuaciones diferenciales, que aparece en el Journal de Crelle, y Sobre la rotación de un cuerpo sólido alrededor de un punto fijo.
El día «Sofia Kovalevsky» sobre Matemáticas, en las secundarias de Estados Unidos es un programa de la Asociación de Mujeres en Matemáticas (AWM), que promueve la financiación de talleres en los Estados Unidos para alentar a las niñas a explorar las matemáticas. La Conferencia Sofia Kovalevsky es patrocinada anualmente por la AWM, y tiene por objeto destacar las contribuciones significativas de las mujeres en los campos de la matemática aplicada o computacional. El cráter lunar Kovalevskaya es nombrado en su honor, al igual que el asteroide (1859) Kovalevskaya. La Fundación Alexander von Humboldt de Alemania otorga un premio bi-anual llamado Sofia Kovalevskaya a prometedores jóvenes investigadores de todos los campos.
Alice Munro siempre se ha mostrado sorprendida por el éxito de sus publicaciones –siempre escribe cuentos o relatos cortos, a pesar de la insistencia de sus seguidores y editores– porque se confiesa simplemente una madre, un ama de casa “condicionada por la vida familiar. A mis hijas nunca les faltó la comida en la mesa a la hora del almuerzo. Era ama de casa. Aprendí a escribir en los tiempos muertos y nunca me rendí”, dijo para horror de las feministas. “La gente a mi alrededor no sabía que quería ser escritora. No dejé que lo descubrieran, les habría parecido ridículo”.
Cuando recibió el Premio Nobel, a cuya ceremonia en Estocolmo no pudo asistir por estar enferma, dijo: Esto es algo maravilloso para mí, pero también es algo maravilloso para el cuento, porque las historias cortas a menudo se descartan como algo que la gente hace antes de escribir una novela, pero no me gustaría que salieran a la luz sin ningún otro requisito”.
Sin embargo, esta modestísima “ama de casa” con un Nobel en la vitrina, lectora empedernida y concentrada, es capaz de escribir historias tan perturbadoras como Wenlock Edge, incluída en “Demasiada felicidad", pero que es una reedición modificada del mismo relato publicado en New Yorker en 2005 (puedes leerlo en New Yorker en la que una joven estudiante de inglés, desplazada en el Londres de Ontario, recibe la perturbadora propuesta de un anciano para que cene en su casa en unas condiciones un tanto peculiares.
Estas doce páginas escasas han dado mucho que hablar, sobre todo una cierta parte de la narración (que es preferible que descubra el lector), que trae de cabeza a los teóricos del feminismo, y sobre la que se han escrito sesudísimos artículos (Joanna Luft. University of Windsor) o (Charles E).