Laila Lalami  (Rabat, Marruecos. 1968). Novelista y ensayista marroquí-americana. Obtuvo su licenciatura en inglés de la Universidad Mohammed V. En 1990, recibió una beca del British Council para estudiar en Inglaterra y completó una maestría en Lingüística en la Universidad College de Londres. Después de graduarse, regresó a Marruecos y trabajó brevemente como periodista y comentarista. En 1992 se trasladó a los Estados Unidos, completando un Doctorado en lingüística en la Universidad del Sur de California.
Comenzó a escribir ficción y no ficción en inglés en 1996. Su crítica literaria, cultural, comentarios y artículos de opinión aparecieron en El Globo de Boston, Boston Review, Los Angeles Times, La Nación, New York Times, Washington Post, The Daily Beast entre otros. En 2016, fue nombrada columnista de la revista La Nación y crítica para Los Angeles Times Book Review.
Su tercer libro The Moor's Account fue publicado por Pantheon Books en septiembre de 2014. The Moor's Account ganó el Premio American Book, el Premio Legado Hurston-Wright, y fue finalista para el Premio Pulitzer de Ficción. En 2019, Lalami publicó otra novela, The Other Americans, también con un marroquí como protagonista.
Lalami ha sido honrada con un Oregon Artes Literarias, una beca Fulbright, y una Beca Guggenheim. Fue seleccionada en 2009 por el Foro Económico Mundial como Líder Global de la juventud. Es profesora de escritura creativa en la Universidad de California.
Aunque Laila Lalami, en su novela, afirma que los personajes y las situaciones son ficticios, “sobre todo en el caso de mi protagonista (Estevanico), del que no se sabe nada, salvo una línea de la Relación de Cabeza de Vaca”, lo cierto es que la figura de este esclavo marroquí se ha convertido en un personaje histórico en el sur de los Estados Unidos, sobre todo en la zona donde tuvieron lugar los hechos históricos que se narran: Florida, Louisiana y Texas.
Incluso hoy se le atribuye haber descubierto lo que ahora se conoce como Arizona. Algunos historiadores consideran que Estevanico, genial, brillante e intrépido, tiene derecho al honor de ser el primer no indio (antes que los mismísimos blancos) en descubrir una parte del suroeste. Y quizá, insisten, muchos de los indios llevan en sus genes la herencia de este excepcional esclavo marroquí.
En diciembre de 1970, la revista Ebony, una publicación exclusiva para afroamericanos, incluía un largo reportaje: “ROJO Y NEGRO. Los indios y los africanos” (The Relations of Indians and Negroes”: Journal of Negro History.), en la que se trataba el encuentro de las dos razas y se daba un gran protagonismo a Estevanico.
Dentro de una demoledora denuncia sobre la tragedia que supuso para ellos la colonización de las américas.
“Cuando el africano y el indio se encontraron por primera vez –afirma–, ya se habían repartido las cartas y el escenario era una de las mayores tragedias de la historia. Se convirtieron en el reflejo uno del otro, sufriendo la misma agonía. Allá atrás, hace siglos, el indio tenía la tierra y el africano tenía el trabajo, pero el europeo había marcado la destrucción para ambos. Incluso antes de conocerse, el indio había sufrido una expropiación cercana a la aniquilación y el africano sufría tres siglos de muerte en vida: la esclavitud”. “Las cartas estaban echadas, iba a suceder y nada podría detenerlo, excepto una total colaboración entre condenados. Fue en esta ebullición donde el hombre negro y el rojo se encontraron y se moldearon el uno al otro”.
“La historia de su mutuo moldeado, de sus mutuos y a veces contradictorios intentos de evitar el martillo del destino, la historia de sus relaciones prolongadas e íntimas y de sus luchas comunes, es una historia que nunca se ve en televisión y que rara vez aparece en los libros, pero es uno de los grandes capítulos de la historia de Estados Unidos y fundamental para la comprensión del indio, del hombre blanco y del negro”.
En los últimos 50 años, varios eruditos han señalado que los afroamericanos "se han mezclado con los indios estadounidenses en una escala hasta ahora desconocida" y hasta ha dado lugar a que hubiese jefes indios negros. Aunque algunos estudiosos creen que fue un explorador africano, y no Colón, quien realizó el primer viaje al Nuevo Mundo y que la influencia de los colonos africanos se extendió desde Canadá en el norte hasta las civilizaciones maya, azteca e inca en el sur, esta teoría ha sido muy discutida por las autoridades blancas tradicionales.
En cualquier caso, está demostrado que los africanos llegaron a los Estados Unidos actuales mucho antes que
los primeros colonos ingleses. Casi sin excepción, acompañando a los primeros exploradores españoles como
sirvientes, esclavos y exploradores. El mejor ejemplo de los primeros exploradores africanos fue Estevanico,
un negro brillante que acompañó a la expedición de Narváez a Florida y fue una de las cuatro personas que
sobrevivieron al naufragio en 1529 en el que se basa la novela.
Pero también hay otras versiones que afirman que eso sólo fue un invento, un ardid, para que Estevanico
consiguiese su libertad total. Dado por muerto, y asustando al resto de la expedición española para que no
acudiesen a Cibola para confirmarlo, pudo rehacer su vida. Lo que sí está probado es que nunca regresó a
Marruecos.
Hoy, Estevanico (en la foto: óvalo blanco, con indumentaria de explorador español) figura en un monumento de
bronce y granito que celebra más de 400 años de logros de
afroamericanos en Texas, instalado en las proximidades del Capitolio de Texas, convertido en un referente
histórico.
También sobrevivió el joven Alvar Núñez Cabeza de Vaca, segundo jefe de la expedición con los cargos de tesorero y alguacil mayor y encargado por el rey de documentarla. Cabeza de Vaca elaboró su larguísimo Relato (57 capítulos), más conocido como Naufragios, poco después de regresar de América.
Naufragios, como es natural, difiere en muchos aspectos de la narración de Laila Lalami (en la misma novela, Estevanico advierte que hay cosas que sus compañeros de viaje no podrán contar tal cual ocurrieron), pero “en sí misma es una novela donde la realidad supera a la ficción, y participa de varios géneros, pues es historia o narración de unos acontecimientos, es autobiografía y tiene la estructura de una novela de aventuras”, como argumenta acertadamente Alfredo Jiménez Núñez, del Departamento de Antropología Social de la Universidad de Sevilla.
El mismo Alvar Núñez, cuando rinde cuentas en sus “Naufragios” a Carlos V, emperador del Sacro Imperio, justifica la ausencia de resultados económicos de la expedición porque:
“Como por nuestros pecados permitiese Dios que de cuantas armadas a aquellas tierras han ido ninguna se viese en tan grandes peligros ni tuviese tan miserable y desastrado fin, no me quedó lugar para hacer más servicio de éste, que es traer a Vuestra Majestad relación de lo que en diez años que por muchas y muy extrañas tierras que anduve perdido y en cueros, pudiese saber y ver, así en el sitio de las tierras y provincias de ellas, como en los mantenimientos y animales que en ella se crían, y las diversas costumbres de muchas y muy bárbaras naciones con quien conversé y viví, y todas las otras particularidades que pude alcanzar y conocer, que de ello en alguna manera Vuestra Majestad será servido”.
“Porque aunque la esperanza de salir de entre ellos tuve, siempre fue muy poca, el cuidado y diligencia siempre fue muy grande de tener particular memoria de todo, para que si en algún tiempo Dios nuestro Señor quisiese traerme a donde ahora estoy, pudiese dar testigo de mi voluntad, y servir a Vuestra Majestad. Lo cual yo escribí con tanta certinidad, que aunque en ella se lean algunas cosas muy nuevas y para algunos muy difíciles de creer, pueden sin duda creerlas: y creer por muy cierto, que antes soy en todo más corto que largo, y bastará para esto haberlo ofrecido a Vuestra Majestad por tal. A la cual suplico la reciba en nombre del servicio, pues éste solo es el que un hombre que salió desnudo pudo sacar consigo”.
Naufragios, en si mismo, es un relato fantástico. Vale la pena leerlo en la biblioteca del Archivo de Indias de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes o todavía mejor, descargar el que hemos editado como epub para su lectura en dispositivos electrónicos. Descargar